Cochrane en la práctica diaria

Tamaño de porciones y alimentación 

Hollands GJ, Shemilt I, Marteau TM, Jebb SA, Lewis HB, Wei Y, Higgins J, Ogilvie D. Portion, package or tableware size for changing selection and consumption of food, alcohol and tobacco. Cochrane Database of Systematic Reviews 2015, Issue 9. Art. No.: CD011045. DOI: 10.1002/14651858.CD011045.pub2.

porciones

 

¿Cuál fue el objetivo de esta revisión?

Determinar si…


P: ...en niños y adultos…

I: …el tamaño de porciones, empaques, o servicio de mesa…


C: ...comparado con otros tamaños…


O: ...modifica la selección y el consumo de alimentos, alcohol o tabaco.

¿Dónde se buscó la mejor evidencia?

Los autores buscaron ensayos clínicos aleatorios, paralelos y cruzados, en cualquier idioma en CENTRAL, MEDLINE, EMBASE, PsycINFO, y otras bases de datos, además de congresos, registros de ensayos, y referencias de otros estudios. 

¿Cuáles son los resultados principales?

- La revisión incluye 72 estudios y más de 6000 participantes.

- Combinando los resultados de 58 estudios se encontró que las personas comieron y bebieron más cuando se les ofrecieron porciones, envases o empaques, o servicios de mesa de mayor tamaño, comparado con versiones de menor tamaño (SMD 0.38, IC95% 0.29 a 0.46). Este efecto moderado se observó tanto en adultos como en niños. 

- La forma de las botellas o envases también influyó. Al combinarse los resultados de tres estudios se encontró que el consumo de bebidas no alcohólicas aumentaba si se ofrecían en envases o botellas más cortas y anchas, en comparación a altas y delgadas (SMD 1.47, IC95% 0.52 a 2.43). Este efecto se observó en adultos, pero no en niños. 

¿Qué tan confiable es la información recabada?

La evidencia sobre el efecto de estas intervenciones varió de baja a moderada calidad dependiendo del desenlace medido.    

 

De la revisión sistemática a la práctica clínica

El peso corporal está determinado por medio de mecanismos metabólicos y hedónicos. La regulación metabólica tiene un punto de estabilidad  que es programado por circuitos de balance energético en el hipotálamo y otras regiones específicas del cerebro. Esto tiene una base genética, pero la exposición a un ambiente obesogénico puede provocar respuestas alostáticas y alterar el ajuste homeostático, conduciendo al mantenimiento de un mayor peso corporal. Sin embargo, también se puede lograr un peso corporal elevado sin contar con un desajuste metabólico a través de la sobrealimentación hedónica sostenida, que es determinado por el sistema de recompensa a nivel cerebral lo que puede anular las señales metabólicas reguladoras. Mientras que las señales hedónicas tienen una fuerte influencia para determinar la ingesta alimentaria, la regulación metabólica implica el control activo tanto del consumo de alimentos como del gasto de energía. El reconocimiento de ambas alteraciones (el aspecto metabólico y el hedónico) puede conducir a una mayor efectividad en las estrategias de tratamiento y prevención de la obesidad. Esta revisión hace evidente que el problema de sobrepeso y obesidad puede estar relacionado directamente con la exposición y la dificultad para el control en las porciones de alimentos cuyo consumo genera placer.

El metabolismo energético humano evolucionó para favorecer la adiposidad más que la delgadez, lo que sumado a la disponibilidad de alimentos sabrosos, calóricamente densos y accesibles, así como el sedentarismo ha llevado a la obesidad y sus comorbilidades a niveles sin precedentes. El sobrepeso y obesidad son reconocidos actualmente como uno de los retos más importantes de salud pública en el mundo, dada su magnitud, la rapidez de su crecimiento y el efecto negativo que tiene sobre la salud de la población que la padece, dada su asociación con las enfermedades crónicas no trasmisibles: diabetes, hipertensión arterial, dislipidemias, enfermedad coronaria y cáncer, entre otras. 

En nuestro país, en las últimas cuatro décadas, se ha triplicado la prevalencia de estas alteraciones nutricionales en todos los grupos de edad y actualmente se reconoce a nuestro país como el primer lugar a nivel mundial de prevalencia en diabetes mellitus tipo 2 entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esto representa un problema de salud con altos costos a todos niveles, incluyendo por supuesto al sistema de salud pública, el riesgo para la sustentabilidad del régimen de pensiones y la estabilidad económica y social de la población en general. Por todo esto, en los últimos años se han propuesto políticas nacionales que reconocen el origen multifactorial del problema y la necesidad de participación multisectorial, en el año 2010 el Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria y en cierta continuidad durante el presente sexenio La Estrategia Nacional para la Atención y Control del sobrepeso, obesidad y diabetes (2013).

El ANSA planteó entre sus objetivos mejorar la educación en nutrición de la población y fomentar mejores decisiones de los consumidores respecto de los productos industrializados que consumen. Una de las herramientas que en el ámbito internacional se ha propuesto para contribuir a estos fines es el etiquetado frontal en alimentos y bebidas. 

De acuerdo con los Lineamientos que deben observar los productores de alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasadas para efectos de la información que deberán ostentar en el área frontal de exhibición, publicados en el Diario Oficial de la Federación, el 14 de abril de 2014, a partir del 30 de junio de 2016, todos los productos alimenticios en el mercado —con algunas excepciones— debían contar con un etiquetado nutrimental frontal. Sin embargo, se ha señalado que desde su diseño, la regulación omite las recomendaciones nacionales y regionales, indicando un marcado interés en favor de la industria de bebidas y alimentos, además no fue conformado por un grupo de trabajo de expertos y libre de conflicto de interés, ni tomando en consideración la evidencia científica y está conformada por conceptos poco claros. Por tales motivos, se observa que la evaluación de los resultados de su aplicación no ha dado buenos resultados.

En el ámbito clínico, el profesional de la salud tiene un papel fundamental y podría tener un impacto mayor al promover en las familias desde su conformación, hábitos de alimentación saludables a través de la educación y la información sobre el impacto de estas alteraciones para la salud, enseñando  aspectos básicos sobre los alimentos, su composición, utilidad, combinaciones y métodos prácticos para la medición adecuada de las porciones, haciendo ver que las cantidades que nos ofrecen usualmente están lejos de ser lo más adecuado para el correcto funcionamiento de nuestro organismo y el mantenimiento de la salud. Algunas recomendaciones prácticas incluyen el enseñar los diferentes grupos de alimentos, la preferencia de algunas preparaciones o alimentos sobre otros con menor contenido calórico, el comer despacio, el uso de endulzantes no calóricos o, con la evidencia que proporciona esta revisión Cochrane, algunas centradas en el manejo de las porciones como, el uso de utensilios –platos, vasos, tazas, cubiertos- más pequeños, el consumo consciente de porciones de menor tamaño, auxiliándose por ejemplo con el método de la mano (palma, dedo, puño) o la comparación con el tamaño de determinados objetos de uso cotidiano (CD’s, pelotas de tenis, dados, mouse de la computadora); el evitar repetir porciones, la lectura y comprensión del contenido de las etiquetas de los alimentos industrializados, el re-empaquetamiento en porciones individuales de los paquetes de alimentos en presentación comercial de tamaño familiar o extra grande, el compartir comidas, entre otras.

Autor del comentario: Dra. Gloria Elena López Navarrete

Fecha de publicación: Diciembre 2017

La Dra. López Navarrete es pediatra, Jefa del Departamento de Seguimiento Pediátrico del Instituto Nacional de Perinatología, miembro de la Academia Mexicana de Pediatría. La opinión expresada en el comentario es personal y no necesariamente refleja los puntos de vista de Cochrane o de la institución en la cual labora. 

 

Referencias bibliográficas

Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria. Estrategia contra el sobrepeso y la obesidad. Secretaría de Salud. México 2010.

Castro DC, Cole SL, Berridge KC. Lateral hypothalamus, nucleus accumbens, and ventral pallidum roles in eating and hunger: interactions between homeostatic and reward circuitry. Front Syst Neurosciences 2015;9:1-17.

Clemmensen C, Müller TD, Woods SC, Berthoud HR, Seeley RJ, Tschöp MH. Gut-Brain Cross-Talk in Metabolic Control. Cell 2017;168:758-74.

Diario Oficial de la Federación: 15/04/2014.

El etiquetado frontal nutrimental de bebidas y alimentos en México. http://elpoderdelconsumidor.org/wp-content/uploads/2016/06/Fact-sheet_270616_4-hojas.pdf

Estrategia Nacional para la Prevención y Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes. Secretaría de Salud. México 2013.

González JE, Schmidt RVJ. Regulación de la ingesta alimentaria y del balance energético; factores y mecanismos implicados. Nutr Hosp 2012;27:1850-9.

Stern D. Tolentino L. Barquera S. Revisión del etiquetado frontal: análisis de las Guías Diarias de Alimentación (GDA) y su comprensión por estudiantes de nutrición en México. Instituto Nacional de Salud Pública. México 2011.

Yu YH, Vasselli JR, Zhang Y, Mechanick JI, Korner J, Peterli R. Metabolic vs. hedonic obesity: a conceptual distinction and its clinical implications. Obesity rev 2015;16:234–47.

 

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